La práctica de la Invisibilidad debe completarse con la habilidad para detectar a los seres transparentes de nuestro entorno en cada lugar y momento. Es de justicia describir estos procedimientos en beneficio de quienes no se sientan llamados por la práctica del Arte pero quieran prevenir desagradables incursiones en sus vidas privadas.

La gente joven tiene, como ya hemos dicho, un sentido especial para escamarse. Es el mismo tipo de percepción que da miedo a los niños, la misma imaginación que nos hace ver de infantes figuras terribles en la esquina del armario, polimonstruosas formas tras las cortinas. El mundo, amigos míos, está lleno de Cosas Incomprensibles. El Arte de la Invisibilidad es el Arte de lo Posible. Por eso la percepción de los menos maleados es especial. Nuestra primera recomendación, para aprender a detectar la presencia de entes imperceptibles a nuestro lado, es una zambullida emotivo-mnemointuitiva en los años de la infancia, un par de meses de reflexión relajada sobre sus años críos.

Ello te ayudará a mejorar tu percepción intuitiva, pero conviene de todas formas que anotes los siguientes síntomas prácticos de una presencia Invisible a tu lado: suele desprender una ligera corriente de aire más frío de lo normal, provoca una inconcreta desazón y falta de concentración. Toda vez que la Invisibilidad, como ya hemos dicho, es un ejercicio de psicología pendenciera, hay una serie de técnicas perfectamente descritas que facilitan la confirmación de una impresión de compañía invisible. Aclararemos antes que no siempre es deseable o conveniente descubrir a nuestros acompañantes inmateriales; ¿recordáis aquélla oración que decía «Angel de la Guarda, Dulce Compañía, No me dejes Solo ni de Noche ni de Día?». ¿Qué otra cosa pensáis que ha motivado el nacimiento de esta simpática tradición que nos presenta a un ser celestial asignado como tutor para evitar que nos atropellen coches, nos caigamos al escalar verjas imposibles, nos electrocutemos jugando con las lámparas; qué otra cosa sino el hecho de que muchos de los practicantes del Arte dedicamos nuestros ratos libres a visitar los parques donde los niños juegan, y, naturalmente, cuando nos encontramos a uno de ellos en apuros procuramos cogerle por el cuello de la camisa antes de que se descalabre por una caída de la bici? No; no te preocupes por descubrir a tus acompañantes transparentes a menos que tengas fundados motivos para pensar que lo que en realidad pretenden es putearte. Si te encuentras bien, no tienes problemas, y disfrutas de la vida, no te metas en camisa de once varas; déjalo todo como está, no toques nada. Es sólo si te sorprendes desganado, abúlico, agresivo, melancólico ; si te das cuenta de que en los últimos días tiendes a darte golpes con los quicios de las puertas o aún más dolorosos en la espinilla contra los muebles; si has perdido hace poco la cartera con todas las tarjetas de crédito ; si te dejas encendidas las luces al salir de casa: entonces debes empezar a pensar que, a tu lado, quizás en este mismo momento, un capullo Inmaterial disfruta a costa de tus desgracias.

La primera forma relativamente fácil de averiguar si tienes acompañantes inmateriales es dormir todo lo que puedas, más de catorce horas o así, y después permanecer aún en la cama, remoloneando. Entrarás en la clásica duermevela en la que se tienen Sueños Rarísimos. Es un estado de percepción especialmente adecuado para la detección. Si, por ejemplo, intentas girar la cabeza hacia un lado de la habitación y por mucho que tus músculos del cuello ordenen el movimiento éste se resiste, mientras un zumbido eléctrico resuena en tus oídos y nariz, y ante tus ojos se enciende una neblina como la de las pantallas de televisión sin sintonía, es más que probable que estés a punto de ver, cara a cara, a tu Enemigo Inmaterial.

Este sistema vale para saber si hay o no hay. Pero para identificarlos hay que seguir otro procedimiento.

En estado de vigilia, gira rápidamente la cabeza. Sorprende la presencia del Esquivo con un movimiento muy veloz, de la misma forma que al mirar de repente una rueda en movimiento la ves como si estuviera parada. Si alguien te está acompañando, le verás durante una décima de segundo, o menos, pero será suficiente para, si le reconoces, tomar medidas en justa represalia y venganza. El problema es más grave si la cara que ves al girar como una centella no te dice nada.

Entonces ¿cómo defenderse? No hay una receta infalible, por desgracia, pero sí principios generales que orientan la actidud para salvarnos de este tipo de Acechos. Una vez más, la clave está en el sabio manejo de los presupuestos psicológicos de la vida cotidiana. Si sabes que a tu lado, de vez en cuando al menos, hay un tipo o tipa que, no sabemos por qué, está empeñado en amargarte la existencia y quizás albergue intenciones criminales, recuerda: los seres Invisibles no lo son por cualidad propia, sino porque saben aprovechar las carencias de nuestra agilidad psicológica. Por tanto, extreme al máximo tu agilidad.

Relájate ; concédete el tiempo necesario para pensar bien las cosas, sentir la apetencia de hacer algo satisfacotrio; rompe rutinas, aléjate lo más posible de la tele y el PC,  repítete una y mil veces que si hemos sido arrojados sobre este proceloso mundo lo menos que podemos intentar es llevarnos un buen recuerdo; nada merece la pena hasta el punto de amargarse; no te dejes avasallar; ten a raya a los mamones visibles -que de estos hay a cientos de miles- que quieren pisarte desde la más absoluta evidencia. Un Día Bien Aprovechado, vivido con dedicación y buen humor, es poco menos que una fortaleza inexpugnable donde nunca podrán entrar cabrones inmateriales.

Intenta romper la concentración de tu enemigo: sé más rápido. Ahora vamos a cambiar las tornas, ahora vamos nosotros a hacerle sufrir un poco. Pon música alta. Esto molesta mucho cuando se es Invisible. La música pertenece a ese género de Cosas que nos impulsa a la vitalidad, y de ahí que sea difícil mantener la Invisibilidad cuando suena algo marchoso, fuerte, expansivo, alegre.

Para detectar al hombre Invisible es también muy útil lanzar repentinamente objetos pesados o muy calientes a nuestras espaldas. El conocido mito de la herradura que da buena suerte cuando se lanza por encima del hombro, hacia atrás, por ejemplo, es un indicador de la eficacia de este sistema. Todo lo que hagamos para desequilibrar la concentración de nuestro enemigo inmaterial contribuirá a hacerle perder su ventaja y en consecuencia descubrirle. Ergo, si tienes fundadas sospechas de que alguien te ronda, entra en un café y pide uno bien cargado y caliente. Siéntate, haciéndote el confiado, mirando distraídamente por la ventana. Haz creer a tu fantasma que eres todo suyo y entonces… : ¡zas!, ¡echa de repente el café por encima, hacia atrás ! Una vez de cada tres le darás en toda la cara al indeseable, que o bien perderá su concentración y se materializará en medio de la cafetería, para asombro de la concurrencia, o bien te dejará en paz por una temporada. Las otras dos de cada tres discúlpate con cortesía y si es necesario promete pagar la tintorería a quien se haya visto perjudicad@ por tu maniobra estratégica.

Los animales domésticos son útiles para detectar imperceptibles, también. Uno puede llegar a ser Invisible hasta para los animales (a mí, por ejemplo, no me cuesta demasiado trabajo) y los insectos (esto ya es otra cosa), pero exige tales desplazamientos de conciencia que ni siquiera vamos a mencionar en este Manual Online las técnicas necesarias. Por tanto, los perros, gatos o canarios, e incluso los peces colorados, pueden ayudarnos a descubrir, o al menos ponernos sobre la pista, de merodeadores transparentes. Observa  las costumbres de tu mascota, y presta atención a sus cambios de comportamiento.

Para aquéllos que no tienen animales en casa se recomienda hacer una visita a alguien que sí los tenga, o simplemente desplazarse al parque más cercano donde se congreguen los paseantes de perros. ¿Comprendes ahora, por ejemplo, por qué algunas veces uno de éstos te ha empezado a ladrar súbitamente, con desproporcionada furia, en medio de la calle? ¡No era a tí, amigo Practicante, sino a un mamoncete Invisible que te acompañaba !

Bueno, nos acercamos al Final. Empieza a invadirme la tristeza indefinida de las despedidas. Pero creo que he hecho bien mi trabajo, y por tanto el Adiós debe ser Alegre. No nos despediremos sin que antes os explique por qué he decidido revelar al mundo aquí y ahora tan pavorosos, potentes y revolucionarios secretos como los contenidos en esta Obra.

 

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