La capital de Vietnam es una ciudad tranquila, bulliciosa y colorida. Los dos primeros adjetivos no son contradictorios. Para un occidental puede resultar bulliciosa a primera vista, por el trajín del tráfico y el sonido de cláxones y motores. Pero en cuanto uno se hace a esta música ambiental descubre que las escenas que acompañan no son en absoluto de estrés, sino de una profunda calma y alegría de vivir.

En esta primera parte, algunas fotos tomadas en el Lago Hoan Kiem, que a pesar de ser de agua hace de Plaza Central o Mayor de la ciudad, de Foro alrededor del cual giran habitantes y turistas. Al atardecer, y gracias a la ausencia de edificios altos, la luz da una especial poesía a las aguas, los sauces y la vegetación que los bordean y las actitudes de sus merodeadores, que en gran parte son parejas en trance de consolidar relaciones, hacer planes o simplemente respirar un rato.

La primera foto corresponde a la Pagoda Central del Lago. Es un monumento aislado e inaccesible, por lo cual uno tiende a verlo como farallón natural. Sirve de referencia a los paseos alrededor del lago, que tiene forma de huevo; la pagoda está situada en el punto de cruz de los dos ejes. La fotografía, obviamente, está tomada desde la ribera oeste, a última hora de la tarde (como gran parte de las demás).

La segunda (que incluye también a la pagoda, sólo que ahora como elemento secundario, en desenfocado), me gusta especialmente por la referencia silenciosa de la moto. Parece un potro al que se ha dejado pastar un rato mientras descansan sus dueños. Las motos se integran de tan intensa forma con la vida de los habitantes de Hanoi que no es extraño que sean testigos de sus ratos de mayor intimidad y romanticismo. Púdicamente, la moto vuelve su cabeza hacia el otro lado, y la ladea en posición de descanso.

La tercera plantea una adivinanza en el pie de foto: ¿a quién mira la mujer? He tenido que recortar bastante el cuadro, pues en el original hay elementos extraños (otras figuras), que distraen de la acción principal: en este caso una simple mirada de ternura. Este es un caso curioso de foto fallida que termina siendo por azar mejor que lo que queríamos hacer voluntariamente. Obviamente, en el momento de disparar quise encuadrar tanto a la mujer como a la personita a quien mira; por alguna razón la segunda se me escabulló, y además quedó muchísimo aire sobre la figura principal. Viéndola ahora, de todas formas, creo que está perfecta. La intensidad de la mirada de la mujer es tal que compensa su colocación casi marginal en el cuadro; también es idóneo el desenfocado de las figuras humanas del fondo, que subrayan la irrelevancia del resto del mundo frente a un lazo afectivo tan intenso como el que expresa involuntaria e inadvertidamente la mujer.

La foto del flautista tiene el encanto de ser natural. Parece increíble que una escena tan tópica se ofrezca de forma gratuíta y espontánea. Es como si uno se pusiera a hacer turismo por las calles nocturnas de Santa Cruz, en Sevilla, y se encontrara a un galán rasgando una guitarra bajo la reja de su amada -pero de verdad, no como reclamo turístico de uno de los restaurantes de la zona. No quise acercarme para grabar el sonido de la flauta; ahora me arrepiento, pero en aquél momento seguramente hubiera molestado al artista.

Las fotos siguientes son, de nuevo, escenas de intimidad y reflexión sorprendidas cerca del agua. En la primera, dos turistas se sientan espalda contra espalda; el poyo de piedra está tan cerca del agua y es tan pequeño que no pueden hacerlo de otra forma. Por la magia del lago, parecen casi vietnamitas adoptivas. La siguiente, «Novios», es una de mis favoritas. Especialmente por el detalle del bolso rosa de ella y por la complicidad que demuestran las hojas del sauce, cayendo como cortinas alrededor de la pareja. La siguiente, «Dime que me quieres», muestra a una pareja menos inocentona; su conversación no parece tanto sentimental como logística; discuten probablemente algo sobre la reforma de la vivienda o el nuevo trabajo que él querría rechazar porque le gusta el que tiene. Sin embargo, de nuevo la concavidad del árbol se presta a proteger a la pareja aislándoles del exterior, y la escena cobra romanticismo.

Siguen dos escenas de relativa soledad. Una mujer esperando, mirando a lo lejos hacia los grupos distantes. Y otra mujer contemplando el lago desde su extremo norte. Tan delgada casi como la farola!! De verdad que sorprende la extrema delgadez de los vietnamitas, tanto ellas como ellos. En los ascensores, no es raro leer mensajes como «Capacidad máxima, 10 personas, 450 kilos». En esta foto, el bonsai en primer plano contribuye a la sensación general de verticalidad y además aporta algo de curvatura.

Siguientes: dos amigas pasean y un hombre observa el panorama desde una de las terrazas circundantes. ¿Un espía del Gobierno?

La siguiente es una vista general de la acera de poniente del lago, es decir, del punto desde el cual están tomadas la mayoría de las fotos de esta página. El ciclista sonriente en primer plano parece liderar una marcha de alegría en la que hay de todo entre sus seguidores.

He querido separar la foto siguiente (dos muchachos bajo un sauce) de las anteriores románticas por hacer un comentario que quizás disuelva un tanto el ambiente de pacífico y espiritual romanticismo que hasta ahora nos invade… Mientras andábamos paseando por la zona, mi mujer se quedó descolgada un segundo mientras yo fotografiaba algo. Uno de estos chavales se acercó a ella y le empezó a proponer «kiss, kiss», en medio de risas y desvergüenzas. El caso es que vimos otras escenas que nos hicieron dudar si algunos de los encuentros amorosos que se sorprenden a orillas del lago no tienen más que ver con el dólar que con el afecto… La fotografía siguiente: dos turistas miran hacia atrás sorprendidos al advertir que les fotografío encaramados entre las ramas de uno de los sauces junto a dos chavales vietnamitas.

Pero en fin, por terminar en alto, le siguen una escena de «dar de comer a los peces», muy habitual en Vietnam, donde en cambio detestan a las palomas. Una rana enamorada agarrada a la ribera del lago -las hojas a su lado tienen forma de corazón. Y la Gran Tortuga Gigante que habitó hace muchos muchos años las aguas del Lago Hoan Kien, y cuyo cuerpo ahora se expone en un templete de su parte norte. La Gran Tortuga simboliza la longevidad. Trae suerte tocarle la cabeza, pero como la han metido en una vitrina hay que conformarse con mirarla de frente.


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