La primera vez que oí decir que «España tiene margen de subida de presión fiscal, porque está ocho puntos por debajo de la media europea» fue a una diputada podemita, de cuyo nombre no quiero acordarme, y no quiero en sentido literal, porque decir tal cosa me parece algo tan abyecto como incendiar el templo de Artemisa.

Hoy, el PSOE ha hecho suyo ese argumento. Como si la presión fiscal fuera un indicador comparable a los kilómetros de autovía, la esperanza de vida (en la que, por cierto, superamos a todos los socios europeos, ¿deberíamos morirnos antes?), las listas de espera o el número de bibliotecas.

Se impone, si es posible, un regreso a la razón, un back to basics, to muy basics: la presión fiscal es intrínsecamente mala. Los impuestos son un mal necesario, pero un mal. La prosperidad de un país no se mide por su presión fiscal al alza, sino a la baja. Si fuera al alza, el paradigma de la prosperidad hubiera sido la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, país en el que la presión fiscal alcanzó el 100%. Desgraciadamente, no parece que fuera un éxito.

En cambio, un país con presión fiscal cero coma cero por ciento sería aquel en el que sus ciudadanos dispondrían individualmente de la renta suficiente para sufragar sus gastos de educación, sanidad y servicios públicos por sí mismos, sin mayor daño. Y en el que la iniciativa privada fuera capaz de construir infraestructuras rentables sin necesidad de subvenciones fiscales. En el que no hubiera «funcionarios» públicos, sino proveedores libres de todos los servicios.

Si la presión fiscal fuera buena, ¿por qué no llevarla al máximo? Pues porque ya se ha visto en la historia el resultado que eso produce. El argumento que ha hecho suyo el PSOE para sufragar su campaña y victoria electoral es de una simpleza y una tristura que acongojan el alma, pero bueno, ya sabemos que vivimos tiempos políticos simples y tristes.

Y por cierto, la presión fiscal media de la UE, a la que se refería la innombrable podemita y tras ella el PSOE, no es presión media a los ricos. Es presión general sobre el conjunto de la sociedad.

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