Estos días se cumplen 25 años del inicio de emisiones de Euronews, y veo pasar por las redes sociales algunas reseñas y vídeos en los que aparecen algunas de las personas que estuvieron allí desde el inicio. Aunque no salgo en estos vídeos -cosa que no tiene mayor importancia- yo estuve allí. Llegué a Ecully el 12 de noviembre de 1992, hace pues más de 25 años, cuando la redacción era prácticamente una vasta nave vacía con cables colgando de los techos; no habían llegado aún los ordenadores, pero poco a poco íbamos llegando los periodistas seleccionados en los diferentes procesos de reclutamiento abiertos en los cinco países iniciales: España, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.

En el equipo español tomaron las últimas decisiones de incorporación el redactor jefe Pedro González, un hombre de bien amigo de sus amigos y tolerante con sus adversarios, franco y campechano; y Javier de Juan Aracil, director general fallecido demasiado pronto, creo recordar que en 1994, por una infección hospitalaria tras una intervención quirúrgica que aparentemente no revestía mayor importancia, a muy poca distancia de la sede principal de la cadena.

Como digo, fui uno de los componentes iniciales del equipo español, tras superar con suerte el proceso de selección abierto. Por debajo de Pedro González estaba el jefe de edición Luis Rivas, que venía de la corresponsalía TVE en Moscú y aportó desde el principio una fina ironía y un humor ácido muy adecuado para conciliar los puntos de vista tan diferentes entre periodistas de cinco nacionalidades. Porque los tópicos -como descubrimos en aquéllos años- son muchas veces ciertos, y los comportamientos asociados también. Pero esa es otra historia. Lo que me gustaría hacer en estas breves líneas es simplemente mencionar los nombres de quienes mejor recuerdo, por una simple cuestión de justicia histórica, y mientras aún me queda memoria. Pido disculpas por las posibles omisiones, pero 25 años en esta era de velocidad, fragmentación y vértigo dejan daños colaterales. También pido disculpas anticipadas por los posibles errores en las menciones de ubicación profesional actual de los citados; no tienen más que comentar este post para aportar las correcciones que consideren justas.

Los integrantes del equipo inicial español fuimos los dos mencionados Pedro y Luis, junto a los plumillas de a pie Cristina Martínez -hoy productora de documentales en Londres-; Anna Bosch, corresponsal de TVE; Isabel Ces, que aún continúa en la cadena y ella sí que aparece en el vídeo rememorativo, locutando en primer plano, Beatriz Beiras, que también continúa allí y Belén Valcárcel, que también provenía y regresó pronto al entorno de TVE, y yo mismo. Más tarde llegarían Laura Cid, Julián López, Sara Alonso, Nathalie Minard, Marta Gil, Toya Bernad, Magdalena Martínez Vial, Fernando Domingo, Ana Lázaro, Antonio Pelegrín, Aurora Vélez, Elena Bernardo, Elvira Giménez, Mayte Carrasco, Belén Campos, Pedro Lasuén, Luis Carballo… y otros muchos, que o bien pasaban algunos meses o bien iban a venían en suplencias intermitentes, y algunos se quedaron igualmente hasta hoy en día. Reitero mis disculpas por las posibles omisiones, es imposible recordar a tod@s.

El equipo de jefes de edición, además de con Luis Rivas, contaba con Harald Goerg, alemán igualmente bienhumorado, y se apoyaba fuertemente en el equipo de coordinación compuesto en el inicio por Azim, que aparece en el vídeo, y Agnes Bourgoin. Al poco se incorporó en tareas de producción Sylvie Aubrit, persona de una calidad humana excepcional, que a pesar de su juventud era un poco madre de todos nosotros.

El trabajo, como bien explica Robert Hackwill, consistía en poner de acuerdo a cinco periodistas de diferentes nacionalidades, prejuicios e idiomas para que cada cual elaborara y locutora el texto de su versión idiomática sobre las imágenes comunes para todos. Los debates eran frecuentes, y algunos graciosos. Recuerdo por ejemplo el día que me tocó explicar una cuestión de política española al resto del equipo internacional; conté que tal caso se había iniciado algunos años antes, y su evolución posterior. El compañero alemán, cuyo nombre en este momento no me viene a la memoria, levantó la mano y preguntó “Has dicho hace algunos años (some years). ¿Cúantos años, exactamente?”. Le respondí que no tenía importancia, que utilizara el equivalente alemán de algunos años. Me dijo que eso era imposible, pues en su idioma no había numerales indefinidos; estaba obligado a decir exactamente cuántos años habían pasado. En fin; así con todo.

Como decía, fui de los primeros en llegar, y tuve el privilegio de escoger uno de los mejores sitios de la redacción, junto a un ventanal inmenso que daba al bosque de Ecully. Los primeros meses de actividad de Euronews fueron un curiosísimo caso de convivencia social y profesional entre una cincuentena de personas provenientes de diferentes países (no sólo los cinco citados: también estaban el finlandés Peteri Kotilainen; Azim es egipcio; y había también suizos, belgas…)

Como todos llegábamos desarraigados y expatriados a Lyon, sede de la cadena, la vida social y la profesional se fundían en un contínuo de horas, de manera que al terminar los turnos de trabajo obviamente todos nos íbamos a tomar cañas o cenar juntos, y a visitar los pisos vacíos que cada cual acababa de alquilar, y donde celebrábamos sonoras y tardías fiestas de inauguración que terminaban indefectiblemente con la misma patrulla de polícia municipal preguntando asombrada “pero, ¿otra vez vosotros?”.

De los nombres de aquélla panda divertida y pionera es necesario citar en primer lugar a los que antes nos han dejado: Christophe Midol-Monnet, francés, bon-vivant, lyonés, socarrón, dandy y demasiado fumador; Pierre Duret, gruñón, rockero, cariñoso como un Elvis Costello del periodismo; Gérard Decq, redactor jefe francés, que se ganó justamente el respeto de toda la redacción y era el único capaz de calmarla en los ocasionales conflictos deontológicos y editoriales que surgían aquí y allá; la jovencísima, bellísima y dulcísima Jude Barrand; y el propio Javier de Juan Aracil.

Acompañaban a Decq y González como redactores jefe el italiano Giacomo Mazzone, siciliano, trabajador, desordenado y sincero; y el inglés Peter Vickers, un hombre práctico y cordial con buena mano izquierda para la gestión del colectivo.

En el equipo inglés estaban James Dyson, a quien cito en primer lugar por ser la única persona de todo aquél poblado con quien sigo manteniendo una relación casi cotidiana, ya que ahora vive en Madrid y trabajamos juntos con frecuencia en Reportarte. Recuerdo también a un Robert de ojos azules que caminaba descalzo por la moqueta de la redacción, y a una Sara Green a quien le hice la vida imposible en una época posterior cuando ambos, junto con el gran y benevolente Michael Unger, fuimos promocionados al puesto de Producer de Magacines, y a Helen Pitt, australiana, pelirroja y guapísima, combinación de nervio y dulzura. Y cómo no, mi compañera de turno inglesa -en este caso, americana, Valerie Zabriskie, enamorada de Europa, paciente y tenaz; Susan Flory, quien acuñó aquel irónico eslogan de los tiempos iniciales, cuando a veces tardábamos más de la cuenta en dar la última hora: “Euronews: yesterday’s news, tomorrow”. Sandra Khadouri, británica de exótico apellido y pocos complejos que también caminaba descalza sobre el cesped, pero porque sabía que eso al cesped le gustaba. Y En el equipo francés estaba Philippe Dubern, que por si alguno aún no lo sabe fue el verdadero inventor del programa más exitoso de la cadena, el famoso “No Comment”, una genial idea para llenar minutos sin necesidad de locuciones, que resultó además una nueva manera de consumir la información en bruto; Isabelle Pham, hoy figura de referencia en France 3; Sophie Desjardin, que miraba todo con unos ojos muy grandes, muy marrones y muy bonitos; François Lallemant, que hasta hace poco ha sido corresponsal de France Presse en Madrid; Silvina Carbone, de ojos tan oscuros como su apellido, pero siempre sonriente; las dos Sandrines, la fotógrafa Goldsmichdt y la fraternal Boussemart; y Sophie Golstein, a quien hay que citar también como pionera francesa, y quien daba a todo el conjunto un aire de travesura escolar. Sin olvidar a Dominique Barouch, allí desde el principio, simpre perfectamente compuesta ocurriera lo que ocurriera, enérgica y cordial como una mesonera cervantina vestida de Lacroix. Entre los alemanes cómo no mencionar a Wolfgang Spindler, que allí sigue, y que tras la desaparición de Christophe y Pierre es quizás hoy la persona que atesore, por su intensa actividad social, mayor conocimiento de la realidad histórica y personal de quienes hemos formado parte de la cadena;  ¡ah sí!: ya recuerdo el nombre del alemán que me preguntaba por el número exacto: Andreas Jorger; Bettina Thoma, de quien todos estábamos secretamente enamorados; Stefanie Hallberg, pionera igualmente en el liado de cigarrillos a mano, mientras escuchaba conversaciones y preparaba la pregunta más inteligente de todas… De los italianos pioneros hay que recordar a Claudio Rocco, enorme y siempre bienintencionado; Annalisa Piras, que siempre parecía recién despertada y sin embargo iba un paso por delante de todos; Catarina Doglio, reencarnación de Audrey Hepburn en el mundo del periodismo; Enzo Cappucci, fotógrafo, viajero, navegante y siempre gentil; Alessandra Quatrocchi, siempre amable y atenta; Annibale Fracasso, simpático, encorbatado y economista; e Ivo Mej, que duró poco, efusivo, larguilucho y enamoradizo.

No sería justo dejar de mencionar a las secretarias Pascale Frison, Françoise Simon y Elizabeth … (me falla el apellido); ni al veterano actor (me falla el nombre…) que desde la posición de telefonista nos embelesaba con su voz profunda lanzando mensajes de megafonía “au cinq…”. Ni al personal de documentación: Laurence Dupinian, Sabine Brogy… y sé que hay más, y de nuevo pido perdón por los fallos de memoria. Y los ténicos: Daniel Anton, Dominique Caillet, Laurent Derodez, Laurence Jalinaud, Laurent Jalabert, Ray Hendriksen, Simon Walsh, Bruno, Marie Perrin, los españoles Ángel Lourido y Manuel, Jean Phi Liabot… Y el indescriptible, protestón y genial jefe de postproducción y línea gráfica Patrick Lefko, responsable por ejemplo de la cabecera que aparece en el vídeo.

Según sigo escribiendo surgen otros nombres y rostros, que vienen corriendo por los pasillos del cerebro medio enfadados por no haber aparecido antes, y a la vez reclamando su justa mención: Catherine Gaschka, Anja Pulsch, Jezabel Janvre, Daniel Crozier, Luca Caioli, Corentine Guillot, Audrey Tilve, Sebastien Faure, Richard Good, Guido Votano, Rita del Prete, Alan Mercer (sorry, Alan, for quoting you so late, as many others!), Kirsten Ripper, Muriel Gauthier, John Boham-Cook, Caroline Coumert…

Estas líneas, que decía al principio pretendían tener cierto valor de memoria histórica, acaban resultando imperfectas pues toda memoria lo es, y la mía quizá especialmente. Sólo he pretendido aportar mi granito de arena a la memoria colectiva de lo que fue una experiencia personal y profesional única.

Yo permanecí en Lyon hasta enero de 1998: allí me casé, me separé y me volví a juntar con quien este año celebraré las bodas de plata, 25 años juntos también. Tampoco recuerdo todos los viajes que hemos hecho, ni los centenares de cenas, vinos, cervezas, paseos y charlas compartidos con muchas de las personas citadas en este post. Pero si sé que una vida se compone de recuerdos imperfectos, y sobre todo del cariño -también imperfecto- que uno ha puesto en las cosas que hace y en las personas con quienes lo hace, a las que a menudo fastidia más o menos involuntariamente, y a las que a veces ayuda cuando puede y se da cuenta de que lo necesitan.

He vuelto a Lyon en dos ocasiones desde entonces. Una fue en 2004, yo solo. Cité a quien quisiera verme en uno de los baretos de la orilla del Saona, y vinieron algunos “nuevos” posteriores a mi llegada, más traídos por el reclamo de la cerveza que por el trato con el pionero español. De hecho, en broma me presenté -aconchabado con alguno de los antiguos- como un nuevo intermitente freelance español, y disfruté maliciosamente de los consejos paternales y maternales de quienes habían llegado a la cadena después de mi marcha, y que me querían matar cuando descrubrieron la broma.

Y luego he vuelto en junio de 2017, en viaje de pareja, y preferí no dar noticia de mi visita, pues eran sólo dos días, insuficientes para ver a todas las personas que hubiera querido, y Euronews ya no estaba en Ecully, sino en un imponente edificio verde en la nueva zona urbana de la Confluence, una especie de Docklands a la lyonesa, y pasé por al lado, quise llegar muy cerca, rodeé el edificio verde, casi ya al atardecer, pero sus ventanas opacas no dejaban ver nada del interior; se adivinaban algunas luces de redacción y monitores audiovisuales, eso sí. A riesgo de parecer pesadísimo, otra vez pido perdón por no haber avisado de aquélla visita, pero sé que me comprenderéis. Quizás estamos más cerca aquí y ahora, mientras leéis estas líneas, de lo que hubiéramos podido estarlo en un encuentro apresurado y comprometido en algún bar de la Confluence, ¿verdad? Y no faltarán ocasiones de volver a vernos.

Felices 25, Euronews.

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4 Responses to Euronews, 25 años

  1. Aurora Velez dice:

    Gracias Alberto. Te felicito por tu artículo y tu memoria. Con tu permiso lo promuevo en redes.Elena y yo fuimos las dos primeras pigistes del equipo español. Mi primer contrato data de abril o mayo de 1995. Allí sigo… Superviviente del duro ERE que estamos sufriendo. Un abrazo y no dudes en llamar la próxima vez para una visita guiada por el cubo, con afecto y abrazo. Hasta pronto, Aurora

  2. Escarlata Sánchez dice:

    Hola Alberto, me gusta mucho tu texto. Es muy evocador y divertido. Me trae buenos recuerdos. Muchas gracias por estar presente hoy y hace 25 años. Y sobre todo: ¡Enhorabuena por tu blog! Un abrazo, Escarlata

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