¡Oh muerte, remedio de tantísimos males,

benéfica poción contra el dolor,

acércate hasta mí, y muéstrame tu encanto,

y posa en mí tus manos, y cédeme al olvido!

Rehúyes, sin embargo, al hombre que te busca,

y sólamente quieres al que te evita.

¡Inútilmente pido que tus flechas

sentencien ya el final de tantas penas!

No puedo encontrar ningún calmante

-a no ser otro dolor que sea más fuerte.

Si sabe alguien de un dolor mayor

dónde lo hay, beberé de sus aguas

para abrasar así mi sentimiento,

y entonces puede ser que ya no sufra.

Os pido que me dispenséis una desgracia

mayor que la actual, o bien la muerte.

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